.

.

El único txakoli de Bilbao nace en laderas de vértigo del 40%

Garikoitz Rios carga una caja con racimos de Hondarrabi Zuri cosechados esta semana en laderas del monte Arraiz.

8,5 ha de viñas en el monte Arraiz producen un vino urbano que recupera la tradición de una Villa cuyas vertientes rebosaban de txakoli. Historia de un vino heroico

.

En las rampas del monte Arraiz, auténticos rompepiernas con pendientes que alcanzan el 40% de desnivel, crecen 8 hectáreas y media de txakoli.

Desde allá arriba, la Villa aparece como una maqueta gigante donde las viviendas serpentean orillando la Ría y el sol refulge contra el titanio del Guggenheim.

Aquí arriba nace Uriko, el único txakoli que se hace en Bilbao y uno de los escasos vinos en el mundo que se produce en el término municipal de una población de 350.000 personas. No es tarea fácil.

Las cuestas son empinadas. Del 30% al 35% de media aunque hay una zona donde hubo que plantar las viñas en terraza, en estrechos bancales, porque la pendiente es allí del 40%.

Un equilibrio imposible donde estos días, y bajo un calor sofocante, se afanan en vendimiar las cinco parcelas de la explotación los integrantes de una cuadrilla de la empresa de jardinería David Bringas.

La mayoría, africanos como los senegaleses Omar Mboup y Malik Niang o el bereber Farhan Massoudi.

Manejan las tijeras de vendimiar con cuidado y colocan con mimo unos racimos sanos y prietos en las verdes planchetas de acelgas.

Apenas trece kilos por caja para evitar que las uvas suelten su preciado mosto antes de tiempo.

.

Farham Massoudi, Omar Mboup y Malik Niang vendimian txakoli en el Arraiz con Bilbao a sus pies.
.
Farham Massoudi, Omar Mboup y Malik Niang vendimian txakoli en el Arraiz con Bilbao a sus pies. (Fotografías: Jordi Alemany)
.
.

.

Garikoitz Rios (60 años recién cumplidos), el ingeniero técnico agrónomo y viticultor que está detrás de algunos de los txakolis más singulares de Euskadi, se encuentra exultante.

Mira la aglomeración urbana de Bilbao allá abajo, y luego dirige la mirada hacia los racimos que penden de las viñas.

«No hay mejor manera de que la agricultura retorne a una ciudad que nos marginó y nos sacó de ella con la Revolución Industrial.

Que exista un viñedo como este en Bilbao, en un entorno tan natural y bucólico, es un regalo. Y una manera de recuperar la dignidad de la actividad agrícola y rural», sentencia. «Es un lugar impactante».

«Además, el vino te permite subir unos cuantos escalones en el aspecto social. Con el txakoli llegas a lugares donde no puedes acceder con unos tomates o con unas manzanas», dice el responsable de Itsasmendi.

Desde una de las hileras, Gari me va mostrando las distintas parcelas del único viñedo de Bilbao.

Me llama la atención sobre un rincón en concreto. Es una ladera coronada por tres robles plantados con los nombres de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba.

«Las viñas están orientadas al nordeste, es una ladera donde el sol da por la mañana, fresca, ideal para conseguir esa acidez en los txakolis que nos permite hacer guardas.

Más que viticultores somos gestores de acidez. Mi idea es hacer algún día un vino de paraje, un parcelario, con las viñas de esa ladera», suspira.

Viñas de Hondarrabi Zuri en pendientes de hasta el 40% junto al caserío.
.
Viñas de Hondarrabi Zuri en pendientes de hasta el 40% junto al caserío.
.
.

«Desde el Arraiz disfrutas de una visión que enamora.

Hay días en que la neblina se queda a mitad de ladera, como una alfombra, y no ves Bilbao.

Y pienso en cómo sería aquella ciudad cuando sus laderas estaban llenas de txakolinerías donde paisanos, intelectuales y artistas románticos celebraban encuentros clandestinos, revolucionarios.

Conspiraban mientras comían, bebían y amaban», sonríe.

La plantación del Arraiz fue acometida hace una veintena de años por la familia propietaria del caserío Munetaberri.

Hasta hace un par de años se elaboraban en la bodega Gorka Izagirre, y bajo la dirección del enólogo Joserra Calvo, 42.000 litros de un txakoli con ese nombre y que lucía en la etiqueta la capilla del puente de San Antón, sede de la primera cofradía de txakoli, la de San Gregorio Nacianceno, que funcionaba como un auténtico consejo regulador.

La mayoría del viñedo plantado está conformado por plantas de Hondarrabi Zuri.

Hay presencia también de la variedad Hondarrabi Zuri Zerratia y unas 800 plantas de Lore Makala (Flor delicada, Riesling).

«Quitamos un mes al año»

En el monte Arraiz, como en la mayor parte de Bizkaia, se ha vivido este año una vendimia jubilosa.

«Ha sido un año sorpresa. y en la bodega se nota esa alegría», resume Gari Rios. «El año pasado vendimiamos del 10 al 12 de octubre.

Y en 2026 empezamos el 3 de septiembre. La viña está perfecta. Brotó antes, hubo un clima benigno, no hizo demasiado frío en las noches de invierno, llovió a su debido tiempo y el crecimiento vegetativo ha ido rápido.

Todo eso ha hecho que se mantenga el ciclo. Pero es como si le hubiéramos quitado un mes al calendario.

Es increíble el equilibrio entre el grado alcohólico y la acidez de la viña», subraya el viticultor.

.

.
Garikoitz Rios con una copa de txakoli en el caserío Munetaberri donde se encuentran las 8,5 hectáreas de viñedo.
.
.
.

Ha sido un año especial: tanto en sanidad como en cantidad de uva en este escenario donde «las parcelas asustan» y se debe trabajar «en condiciones extremas y con personal cualificado».

En Arraiz se doblará este año la producción de la vendimia anterior.

De 7.500 a 8.000 kilos por hectárea frente a los menos de 4.000 del pasado año.

Rios pretende realizar estudios completos del suelo porque entiende que estas parcelas de laboreo casi imposible tienen gran «potencial enológico».

Lo dice, con 30 vendimias ya a las espaldas y gestionando 49 hectáreas de viñedo, uno de los elaboradores que más ha hecho por desactivar los viejos prejuicios sobre el txakoli.

Ya saben. Aquello de «en Bilbao a la lluvia le llaman sirimiri y al vinagre, txakoli». Pero esa misma acidez es, por el contrario, la mejor garantía de futuro para estos vinos.

.

«El porvenir del txakoli es convertirse en un vino de guarda, algo a lo que ayuda la acidez de las uvas y nuestro clima atlántico», resalta Gari Rios Urdaneta.

.

Esta pieza de mármol negro de Markina contiene mil litros del txakoli elaborado el pasado año con viñas del Arraiz.
.
Esta pieza de mármol negro de Markina contiene mil litros del txakoli elaborado el pasado año con viñas del Arraiz. (I. V. S.)

.
.

Y con ese Uriko que brota de las vertientes del Arraiz ha iniciado ese mismo camino.

Mil litros de la cosecha del año pasado han pasado cuatro meses en un depósito cúbico labrado en mármol negro de Markina.

«Es hermoso poder criar un vino en un material propio de nuestra tierra», dice Garikoitz.

En la sala de vinificación de Itsasmendi hay 25 depósitos de acero inoxidable, tinas de madera, un depósito de hormigón, tinajas de arcillas blancas y rojas, damajuanas, barricas y fudres de madera austriaca…

Trabajan microvinificaciones y vinos parcelarios, maceran con pieles, experimentan con levaduras autóctonas, producen un rosado alucinante con Pinot Noir.

También hicieron el primer vendimia tardía, Urezti (agua de miel), elaborado con uvas pasificadas de Hondarrabi Zuria que se dejan secar en los sarmientos de una viña plantada en Oñarte, en las laderas del alto de Morga. Un paraje con pendientes de hasta un 35% de desnivel. A Gari Rios le atrae lo complejo.

.

Garikoitz Rios muestra varios racimos. Las fuertes pendientes, la disposición de las viñas en bancales o terrazas y la pequeña producción hacen de esta explotación un ejemplo de viticultura heroica.
.
Garikoitz Rios muestra varios racimos. Las fuertes pendientes, la disposición de las viñas en bancales o terrazas y la pequeña producción hacen de esta explotación un ejemplo de viticultura heroica.
.
.
.

El emplazamiento en los bordes de la ciudad hace también a estas viñas de txakoli del Arraiz acreedoras de formar parte de la asociación de viñedos urbanos, la Urban Vineyards Association que acoge plantaciones de viña en ciudades (en ocasiones testimoniales) del que ya forma parte el proyecto Gurdibide, pequeño viñedo urbano en Portugalete y donde militan viñedos de Venecia, Londres, Florencia, Viena, Brasilia o Adelaida, entre otros.

Nos refrescamos tras el sofoco de las laderas en el caserío. Y recuerdo el relato de un ameno enólogo vizcaíno.

Me contó que aquí mismo residió un tal Pedro ‘Montaña’ con su familia y sus vacas; aquí preparó también vino con las viñas que mimaba y que crecieron en estas mismas laderas, a más de 300 metros sobre el nivel del mar.

Pero Pedro ‘Montaña’ encontró trabajo en el astillero Euskalduna y abandonó la casona y sus viñas. El tiempo y la pasión han querido que, hoy, Bilbao vuelva a tener un txakoli en el mismo lugar. Uriko, el hijo de la ciudad.

.

 
Elaboración: Vinos Singulares Itsasmendi (Gernika).
.
.

Un vino tan imposible como en Ribeira Sacra, Mosela o Canarias

Vendimiar Uriko, el txakoli con uvas de las laderas del monte Arraiz, conlleva un grado de dificultad semejante al que se hace en parajes tan singulares como la Ribeira Sacra gallega, los vinos de Mosela o Wachau o las excelentes etiquetas que logran viticultores canarios en las islas.

.

· Link

.

.

..

.

.

.

.

.

Copyright © 2026 La guía del txakoli Inspiro Theme por WPZOOM