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«Nunca habíamos vendimiado en agosto»

Un verano de calor y poca lluvia adelantan la recogida
FOTOS PABLO GÓMEZ · Un trabajador vierte su cubo lleno de uvas a una caja que posteriormente es trasladada a la bodega de Txakoli Ameztoi, en Getaria.

Son días de inusual actividad en las bodegas de txakoli. En las que tienen la posibilidad de tomar y picar algo, a la presencia de visitantes se les ha sumado desde esta semana el trasiego de tractores y temporeros que trabajan en la vendimia más temprana de la historia en Gipuzkoa.
«Nunca habíamos empezado en agosto», expresa Inaxio Ameztoi, de Txakoli Ameztoi, en Getaria.
«En otra época el inicio para empezar a recoger era en octubre, luego se fue adelantando a la tercera semana de septiembre y sí hemos tenido años de hacer la vendimia a principios de septiembre, pero hasta ahora no conocía lo que era vendimiar en agosto».
Casi un centenar de trabajadores serán parte durante las próximas semanas del espectacular paisaje que disfruta los viñedos y la terraza de esta bodega, con vistas al mar y que este año cuenta con 52 hectáreas de tierras a las que sacar jugo.
La actividad de los temporeros comienza a las 8.00 de la mañana y se prolonga hasta las 16.00 horas, un arduo trabajo que logra recoger unos 30.000 kilos de uvas al día.
Zuhaitz Ameztoi, hijo de Inaxio y que conoce estas tierras de fuertes pendientes como la palma de su mano al haber nacido, crecido y aprendido el oficio en lo que ahora es un agroturismo, recibe y guía a DV en el arranque de la vendimia para trasladar todos los detalles que han provocado que los cubos se hayan comenzado a llenar de uvas más pronto que nunca y explicar el proceso requerido para el txakoli desde que se corta el racimo hasta que el consumidor llena su copa.
Zuhaitz transmite que a pesar de que la fecha tradicional para empezar la vendimia los últimos años ha solido rondar «entre la primera y la segunda semana», la que realmente marca el ritmo es la uva y las condiciones meteorológicas a la que ha estado expuesta.
«Cuando la uva estaba floreciendo ha habido bastante calor y poca lluvia, razones por la que la uva se ha adelantado bastante».
Además, detalla que la sequía padecida estos últimos meses, especialmente en julio, no ha supuesto un gran problema.
Todo lo contrario. «La planta tiene raíces bastante profundas, por lo que la tierra tampoco está tan seca y eso le permite ir avanzando».
Solape de trabajos temporales
La circunstancia de que la cosecha se haya adelantado a agosto puede suponer un problema a la hora de la recogida, ya que muchos de los trabajadores temporales que se dedican a trabajar en sectores relacionados directamente con la época estival, como es principalmente el de la hostelería, ven solapada esa actividad con la de la vendimia, lo que puede dificultar pasar de un trabajo a otro.
En el caso de Txakoli Ameztoi, no ha supuesto un especial quebradero de cabeza.
«Es agosto y la mayoría de gente está de vacaciones», admite Zuhaitz.
«Históricamente en septiembre solía haber más gente disponible para trabajar, ya que se suman los que terminan sus trabajos en verano, pero a pesar de ello no hemos tenido tantos problemas en la contratación».
La gran mayoría de esos trabajadores temporales son inmigrantes, que cortan los racimos con unas tijeras y los depositan en un cubo hasta que se llena, momento en el que lo trasladan a una gran caja para verter todo lo recogido.
La tierra está seca y no hay rastro ni de las lluvias y ni del granizo que azotó el pasado fin de semana sobre todo en Zarautz, pero la humedad se siente con facilidad y no hace falta mucho esfuerzo para romper a sudar, lo que sirve para tener una idea de lo que cuesta estar tantas horas a pleno sol cargando cubos y agachándose para no dejarse ni una uva detrás.
Menos mal que la sombra que generan las parras alivian un poco la sensación de calor en una jornada que ayer alcanzó los 30 grados de temperatura en el litoral guipuzcoano.
Las cajas se llenan de uvas con rapidez y Zuhaitz Ameztoi coge varios racimos para explicar qué es el famoso mildiu, el hongo que causa daños en los viñedos y que se deja ver con unas uvas que se quedan en nada y deja un rastro negro apreciable en varios de los ejemplares.
«Es la humedad la que crea el mildiu, y hay zonas de parcelas en las que la afección es mayor.
El hongo seca la uva y nosotros intentamos tratarlas para procurar evitarlo».
Cuando se habla de que la enfermedad provoca pérdidas considerables es cuando el daño es generalizado, extremo que en este 2026 no ha sucedido por las ideales condiciones meteorológicas ya mencionadas.
Recorrido por las parcelas
Durante las próximas semanas el grupo de trabajadores recorrerá las 52 hectáreas de viñedos que tiene la familia Ameztoi tanto junto a las instalaciones de la bodega como las que tiene alrededor de Getaria y sus montes.
Ayer se concentraron cerca de la bodega, pero la zona a recoger depende de los análisis realizados durante las semanas previas.
«Unas tres-cuatro semanas antes de empezar la vendimia se van analizando todas las parcelas. Se cogen varios racimos de distintos puntos de cada parcela, las muestras se mandan a analizar y conocemos los niveles de acidez y de otros muchos parámetros que nos llevan a decidir por qué parcela empezar y cuál dejar a que se desarrolle más tiempo».
La actividad no se detiene, las instrucciones para no dejarse ni un racimo se repiten y una vez que las cajas grandes están llenas de uvas, los trabajadores encargados de conducir el tractor las recogen y las suben a la bodega para empezar inmediatamente el proceso que convertirá la uva en txakoli.
En las tripas de la bodega aguarda un circuito interminable de tubos que suben, bajan y cambian de sala y que conectan con maquinaria de todo tipo, como la prensa neumática que durante hora y media –duración de cada ronda– prensa la uva para después conseguir el mosto.
El líquido circula finalmente a uno de los 58 depósitos que tiene la bodega, donde reposa y fermenta el mosto a una temperatura baja hasta diciembre o enero, momento en el que abandona los depósitos y pasa por los últimos procedimientos antes del embotellamiento.
«Para diciembre-enero el txakoli suele estar listo para consumir». Las botellas, las etiquetas y las cajas están preparadas y esperan su momento junto a las botellas de la cosecha de 2025, que poco a poco van desapareciendo.
La de 2027 quedará marcada por ser la más temprana, ya que su recolecta terminará en fechas en las que se suele empezar la vendimia.
Zuhaitz Ameztoi Txakoli Ameztoi
«En septiembre hay más gente disponible porque se suman los que terminan sus trabajos de verano, pero no hemos tenido problemas de contratación»
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