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Por primera vez en la historia, los txakolineros guipuzcoanos adelantarán la vendimia a primeros de septiembre e incluso a finales de este mismo mes.

El calor y la sequía de este verano han anticipado la maduración de las uvas, “abundantes tanto en calidad como en cantidad”, y están confiados en que las lluvias previstas para los próximos días terminen de mejorar una “buena temporada” tras tres años muy malos.

Después de una primavera buena, muy calurosa, y de un verano en el que se han mantenido las temperaturas sin grandes registros por la noche, unido a una época estival más seca de lo habitual, sin apenas lluvias y tormentas veraniegas, las uvas ya se encuentran casi listas para ser recogidas.

Por ello, la mayoría de los txakolineros del territorio han decidido adelantar su vendimia a primeros de septiembre o incluso a finales de este mismo mes.

Es el caso de la zarauztarra Mokoroa Txakolindegia, donde por primera vez en su historia van a realizar la recogida en agosto.

“Vamos a empezar el próximo martes y serán unos 20 días más o menos. Va a ser algo único para nosotros. Hemos tenido que adaptarnos, al igual que los jornaleros, para los que es una época rara del año”, cuenta Joseba Mokoroa.

Históricamente, la vendimia de txakoli se llevaba a cabo entre la última semana de septiembre y la primera de octubre, pero ya en la última década el calendario se había adelantado a mediados o incluso principios de septiembre. “La maduración de la fruta ha llegado mucho antes. 

Todos los txakolineros hemos echado en falta la lluvia, pero el calor, al menos por la noche, no ha sido tan intenso como el del año pasado, por lo que creemos que la cosecha va a ser buena”, explica Izaskun Zendoia, de la oriotarra Bodega Katxiña, donde la vendimia comenzará durante los primeros días de septiembre.

La falta de lluvia y la gran cantidad de horas de sol de estos últimos meses han favorecido una cosecha extensa, tanto en calidad como, sobre todo, en cantidad.

Se trata, por lo tanto, de “un buen año”, muy alejado del último curso, en el que la irrupción del hongo mildiu redujo considerablemente la producción, poniendo en riesgo a muchas txakolindegis.

“Este año hemos tenido que dejar en julio de distribuir a nuestros restaurantes y bares porque ya no teníamos más”, apunta Zendoia.

Tener que adelantar la vendimia, por lo tanto, no parece una mala señal para los txakolineros, que confían en poder cambiar la tendencia de las últimas temporadas y que esperan que los días de lluvia previstos para este fin de semana sean la guinda final para la cosecha, empapando la tierra y mejorando los racimos.

“Pero habrá que ver, porque llevan todo el verano anunciando lluvia y luego caen solo cuatro gotas”, desconfía Mokoroa.

“Venimos de años que han sido especialmente duros. Si llueve un poquito estos días será una buena cosecha, si no lo hace, la prensada será de pocos litros a pesar de la cantidad de uva que hay”, agrega, por su parte, Zendoia.

“El tiempo lo ha cambiado todo”

La situación en Gipuzkoa no es una excepción, ya que la mayoría de vendimias también se han adelantado a causa de un verano caluroso, como las de la Rioja Alavesa y Navarra, donde la recogida de las uvas se llevará a cabo a partir de la próxima semana. 

“El tiempo lo ha cambiado todo y no queda otra que adaptarnos”, señalan desde Mokoroa Txakolindegia.

Mejor estar en una situación así que como el año pasado, en la que teníamos el miedo constante de que entrara el hongo y se fuera todo al garete. Si llegamos a tener otro verano así, casi mejor dejarlo todo y no seguir”, aseguran desde la Bodega Katxiña.

Una vez se lleve a cabo la vendimia será momento de analizar el txakoli de esta temporada, en principio con más sabor y cantidad, pero todavía pronto para determinarlo. Lo que parece ya evidente es que los plazos de las recogidas seguirán la misma tónica en los próximos años.

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El txakoli esquiva daños por el granizo en vísperas de la vendimia

Un racimo de una explotación de Urola Kosta con un par de granos tocados por el granizo del domingo

Un racimo de una explotación de Urola Kosta con un par de granos tocados por el granizo del domingo. (G. T.)

La tormenta afectó en Zarautz a parcelas «muy localizadas», donde los viticultores tendrán que acelerar la cosecha para escapar de los hongos

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Los viticultores pidieron la semana pasada lluvia para rematar el buen verano que están viviendo en sus terrenos dedicados al txakoli y el cielo escuchó sus ruegos, aunque se le fue un poco la mano y el granizo que cayó violentamente el domingo por la tarde en Urola Kosta puso en peligro especialmente los viñedos de Zarautz, Getaria y Zumaia a pocos días de arrancar la vendimia.

Afortunadamente, y a pesar de que «hay algunas viñas que han sido afectadas», los bodegueros respiraron este lunes tranquilos cuando se acercaron a sus explotaciones y comprobaron que todo permanecía en buen estado y listo para empezar a cosechar ya mañana.

La granizada sorprendió y se cebó especialmente en Zarautz, con pelotas de tamaño considerable que obligaron a vecinos y paseantes a ponerse a cubierto.

Las viñas, en cambio, desprotegidas, recibieron el impacto del granizo en «ubicaciones muy localizadas».

En un sondeo de bodegas de la zona consultadas este lunes por este periódico, las que están entre Zumaia y Getaria transmitieron que habían salvado la situación.

«Fui el mismo domingo por la tarde y por suerte no me encontré con nada», relata Jon Bermúdez, de la bodega Iturregi.

En las txakolindegis más cercanas a Zarautz, en cambio, había algo más de daños, pero nada generalizado ni grave.

«Las viñas afectadas no tienen pérdidas, en algunos el granizo ha tocado los racimos o el grano, pero no se han caído al suelo», explicaba este lunes Ruth Mozo, secretaria de Getariako Txakolina, la denominación de origen que engloba a todo el territorio de Gipuzkoa.

«Los racimos en parral quedan más protegidos porque están tapados por las hojas», factor que también ha tenido su peso a la hora de evitar más daños.

La meteorología de primavera ayudó a que la floración fuera bien y la mayoría de ellas se agarraron correctamente.

Sumados el calor y las escasas precipitaciones de todo el verano, los racimos llegaron a los días previos de las lluvias de la última semana en el «punto perfecto».

Las precipitaciones, en la gran mayoría de las parcelas, han colaborado para que las uvas estén bien cargadas, hayan engordado y cogido algo más de agua, por lo que están listas para la vendimia.

Todos esos factores invitan a que la temporada será «excepcional».

Las circunstancias calurosas y secas también propiciaron unos meses sanos por la ausencia de hongos como el mildiu, que suelen aparecer cuando el ambiente es húmedo y cae agua con mayor frecuencia que lo que ha hecho este verano.

Fue así los dos años anteriores y causó daños en las viñas, no así este 2026, otra señal de la buena cosecha que esperan.

Sin embargo, el granizo del domingo ha provocado en las zonas afectadas que la vendimia tenga seguramente que acelerarse para evitar precisamente la aparición de ese tipo de enfermedades.

«Entre el agua y si se ha reventado algún grano, puede haber algún problema de botritis», un hongo que aprovecha las heridas, las grietas por la lluvia o los daños de insectos para atacar el racimo.

«Por lo tanto, el problema es que tendrán que acelerar para vendimiar en las parcelas más afectadas», transmite Mozo.

En la zona costera de Getaria y Zarautz los días en los que ha llovido más de un litro por metro cuadrado desde mediados de mayo hasta el pasado jueves habían sido tan solo diez, con una máxima de 18,2 litros el 28 de junio.

En esas jornadas de precipitaciones el acumulado en tres meses fue de 78,4 litros por metro cuadrado, mientras que en los cinco últimos días tres jornadas de lluvia han dejado un total de 31,2 litros por metro cuadrado, cantidades que dejan satisfechos a los viticultores.

Más pronto que nunca

De esta manera, y tratando de dar con el momento adecuado para empezar la vendimia, las txakolindegis están ya preparadas para ello.

Las primeras previsiones apuntaban para finales de esta semana y las lluvias han adelantado ligeramente el pistoletazo de salida, con alguna de Zarautz arrancando mañana mismo.

Son las fechas más tempraneras que se recuerdan. Normalmente la cosecha en Gipuzkoa suele iniciarse a mediados de septiembre y se extiende hasta la primera quincena de octubre, por lo que se trata de un adelanto de casi tres semanas. En esta ocasión, y a diferencia de otros años, es un adelanto positivo.

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