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Nafarrola. Un caserío de 1285 en Bermeo…

En el barrio Artike de Bermeo, en Vizcaya, en un caserío del siglo XIII exquisitamente reacondicionado, encontramos un hotelito de ocho habitaciones muy vinculado a la tierra. Bienvenidos a Urdaibai, un destino que te cambia
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Urdaibai es un sistema complejo donde la naturaleza y la historia han creado, durante siglos, un singular equilibrio. Declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1984, esta franja del litoral vizcaíno —a 35 kilómetros de Bilbao— se extiende a lo largo de más de 22.000 hectáreas que conectan el interior montañoso con el Cantábrico, atravesando estuarios, marismas, playas, bosques y promontorios de roca viva. Un territorio moldeado por la geografía y por las prácticas tradicionales que lo han habitado a lo largo de los siglos: agricultura, pesca, pastoreo y viticultura.
En medio de esa complejidad natural y cultural, en la pedanía de Artike, en Bermeo, emerge el caserío Nafarrola Erdikoa (Nafarrola el del medio). Su nombre aparece ya en documentos del año 1285 donde, por primera vez, se registra la palabra caserío por escrito. Hoy alberga una propuesta de hospitalidad diferente y profundamente enraizada en el territorio.
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El tiempo ha pasado —concretamente 740 años— y hoy Nafarrola cuenta otra historia, no menos auténtica; la de los hermanos Josu y Gaizka Goikoetxea Larrauri, nacidos en Bermeo; la de una cocina esmerada, honesta y brillante; la de un personal encantador y superprofesional —encabezado por Leticia y Zorrion— y la de un entorno natural realmente reparador. Dentro del caserío, la madera y las vigas centenarias mandan. La chimenea nos protege. Hora de descansar en una atmósfera que explica en qué consiste el lujo sin artificios, el lujo a la vasca. Mañana nos espera un gran día recorriendo esta preciosa reserva de la biosfera.
Despertar en Nafarrola
La historia de este hotel boutique es la de Josu y Gaizka. Ellos han encontrado en este caserío una forma de devolver al territorio lo mucho que este les ha dado, empezando por una visión equilibrada de la existencia en la que el humano no es más que la naturaleza que lo rodea.
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Desde su apertura hace cuatro años, Josu, al frente de la dirección, cuida de cada detalle para que la experiencia del huésped resulte perfecta, mientras Gaizka —pupilo del gran Hilario Arbelaitz— lidera la propuesta gastronómica de Rola, el acogedor restaurante gastronómico del hotel con vistas a Bermeo, el Cantábrico y La Gaviota, la antigua plataforma que extraía gas a pocos kilómetros del cabo Matxitxako.
Las ocho habitaciones de Nafarrola —mejor hotel boutique de España en los Travellers’ Choice de TripAdvisor— prolongan el diálogo entre arquitectura, paisaje y experiencia que define este proyecto. Espacios amplios, cómodos, atravesados por la luz, donde la piedra original del caserío convive con la madera y una paleta neutra que invita al relax absoluto.
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Cada habitación ha sido concebida como un refugio con camas fantásticas, chimenea, terraza, bañera de hidromasaje y vistas al mar o al monte. Sus nombres —Eguzki (sol) o Ilargi (luna), por ejemplo— aluden a elementos naturales, como una forma de anclar el espacio al entorno lingüístico y simbólico que lo sostiene. En algunas estancias, las ventanas del techo permiten contemplar el cielo directamente desde la cama. Oficialmente, el sol y la luna también son huéspedes de Nafarrola.


Alimento para el alma
El restaurante aúna su propuesta en torno a los ecosistemas de Urdaibai, un viaje culinario que interpreta los paisajes de esta reserva a través de producto, técnica y memoria. Cada plato remite a un entorno concreto —mar, bosque, montaña, río, huerto y estuario— y busca situar al comensal en cada uno de estos lugares. Lo busca y lo consigue. La cocina de Gaizka es puro refinamiento y equilibrio servido en hermosas puestas en escena.

Nos medimos con el menú gastronómico del mediodía —solo jueves y viernes y sábados bajo reserva—. Un viaje que comienza en el bosque con un pan glorioso que bañamos a placer en aceite de castaña. Bajamos hasta el mar para imaginar qué comerían los frailes del convento de la cercana isla de Izaro —sí, la misma que dio nombre a Izaro Films—; así, nos enfrentamos a una delicada crème brûlée de erizo de mar y aire de eneldo, a la que seguirán anchoas de Bermeo en su mantequilla y su fósil —divertido homenaje a la raspa hecho con su propia salmuera— y ostra natural en emulsión de hinojo con una elegante crema caliente de crustáceos, caviar y eneldo —todo un descubrimiento—.

Saltamos a la huerta con un flan de foie y caramelo de vino dulce con maíz tostado. Después, huevo ecológico de Busturia a baja temperatura acompañado de boletus edulis, chips y emulsión de trufa sobre cremoso de patata. Volvemos al mar para sumergirnos en una ración de lubina asada en su colágeno y salsa de calamar gigante. Cerramos esta terna en el bosque, disfrutando de un poderoso ciervo asado en sus jugos, compota de manzana y puré de patata.



En el apartado postre: soda de tomillo limonero; piña macerada, helado de hierbaluisa y leche de coco fermentada; y hojaldre de manzana y quesos de Urdaibai. La timidez de Gaizka desaparece en su cocina mientras da vida a estas maravillas. Un sincero aplauso para él.

La cocina de Nafarrola se abastece casi en su totalidad de productores de proximidad, mientras que la bodega, con más de 200 referencias, otorga al txakoli el debido protagonismo central.


La estancia en Nafarrola abre también la puerta a una serie de experiencias que permiten descubrir el territorio en todas sus dimensiones. Algunas están ancladas en la naturaleza inmediata: un masaje privado en el bosque, un pícnic o rutas —en bicicleta eléctrica o kayak— por los senderos que llevan a la costa o el estuario.

Otras rinden homenaje a los oficios antiguos: visitas a conserveras de Bermeo, a caseríos tradicionales —como Olosaba o Bizkaigane— o al taller de cerámica de Vicente Alcaide, autor de la bonita vajilla del restaurante. También hay espacio para el arte y la cultura: visitas privadas al Guggenheim, inmersiones en el universo de la txalaparta y catas de txakoli completan este recorrido sensorial por el equilibrio entre el hombre y la tierra. Urdaibai te está llamando.
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