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El txakoli de Zarátamo que se bebe en Hawai

Uriondo es una bodega familiar y artesana que convierte su viñedo en vino desde hace cuarenta años

Ane Ontoso · Zaratamo · Lunes, 15 de septiembre 2025

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Isabel Viñas se emociona cuando habla de su bodega de txakoli, enclavada en el municipio vizcaíno de Zaratamo, y donde este fin de semana se han sumergido de lleno en la vendimia.

Todo forma parte de un proyecto familiar que bebe su origen en los tiempos que la madre de Roberto Ibarretxe, su compañero de vida y de labores, vendía leche en el pueblo. Pilar ‘la lechera’, despachaba botellas junto a su marido Agustín.

«Vivían pendientes de las vacas, era un trabajo muy esclavo –cuenta–. No lo querían para sus hijos, así que les mandaron a estudiar.

Agustín se formó como ingeniero y Roberto como psicólogo. Lo que propició que volvieran al pueblo y compraran el caserío para sus padres».

La familia Zorriqueta vivía en él desde 1780, pero nunca como propietarios. «Al llevar tanto tiempo, tenían derecho de compra», explica.

Las fincas acompañan al caserío Uriondo, que da nombre al barrio. El destino quiso que Roberto se vinculara con txakolineros guipuzcoanos mientras estudiaba la carrera en la EHU de Donosti.

«Hablando de que querían quitar las vacas y el cambio de vida podría ser un choque para ellos, comentaron que siempre habían hecho txakoli en casa», revela Isabel. Así que se animaron.

Dicho y hecho. Recuperaron dos variedades de la casa: Mune mahatsa (Folle Blanche) y Txori mahatsa (Sauvignon blanc).

También llevaron yemas a un vivero galo, que luego se plantó en el viñedo en 1985 y así empezaron a elaborar txakoli artesanal.

Este año la bodega cumple 40 años «desde aquella plantación». Hasta 1996 no fue la primera vendimia de Isabel, que cuida la vendimia con mimo junto a Roberto como un tesoro.

El baserri posee una finca de dos hectáreas cultivadas, que generan una media de 15.000 botellas al año, amparadas por la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina.

Bodegas Uriondo, no obstante, son anteriores al Consejo Regulador.

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El crítico gastronómico y de vinos del periódico estadounidense, el mismísimo Eric Asimov visitó en persona el baserri. Ane Ontoso
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Abel Mendoza

Recuerda Isabel que en 1994 unos riojanos, entre los que se encontraba el reconocido viticultor y bodeguero Abel Mendoza con su padre, metieron la variedad Hondarrabi zuri y Hondarrabi zuri zerratia, porque «no había planta para toda a finca».

Fue en aquella década, precisamente, que conocieron a su importador, con sede en Chapel Hill (Carolina del Norte). André Tamers, maravillado por el caldo que se cultivaba en Zaratamo, decidió llevarlo a Estados Unidos.

«Fue uno de los primeros vinos a exportar allí y ya llevamos más de 25 años –afirma, contenta–. Se vende en todos los estados». Desde Puerto Rico a Hawai, Washington, Chicago, Texas o al puro Manhattan (Nueva York).

«Al ser pequeño producto, lo cuida muy bien y lo lleva a quienes lo van a valorar», agradece. Tanto es así, que Bodegas Uriondo llegó a ser portada del New York Times el 11 de agosto de 2010, una anécdota que guardan con cariño en la memoria.

El crítico gastronómico y de vinos del periódico estadounidense, el mismísimo Eric Asimov –sobrino de Isaac Asimov, considerado maestro de obras de ciencia ficción de todos los tiempos– visitó en persona, junto a su colega Chez Maté – el baserri. Ambos quedaron prendados del proyecto de Isabel y Roberto.

«Fue impagable», confiesa. El txakoli Uriondo, de hecho, obtuvo 91 puntos del crítico norteamericano Robert Parker en las cosechas de 2009 y 2019.

Aranceles de Trump

Los aranceles de Donald Trump, todavía no han afectado a la firma artesana de Zaratamo.

«Siempre colabora ajustando precios, el del 25% se hicieron cargo ellos y el de este año no nos ha afectado.

Ahora, tras la vendimia, tendremos que negociar el del 15%», explica. Un asunto que se suma a otros condicionantes, como el hongo mildiu de la vid –que puede arruinar una vendimia– y al que deben compartir, las normas reguladoras europeas o el cambio climático.

«Las vendimias se han ido adelantando –relata Isabel–. Este año hemos tenido temperaturas altas por la noche y 80% de humedad».

Por todo ello, no resulta sencillo hacer cultivo ecológico 100%, aunque hacen «esfuerzos» para que su proyecto sea sostenible a todos los niveles»

La firma se ha hecho un hueco entre su clientela fiel, que degusta tanto el que crean en acero inoxidable, como el de barrica.

«En boca son ligeros, fáciles de beber y reflejan mucho lo que hay en el viñedo, donde tenemos cubierta vegetal espontánea».

El de barrica, por ejemplo, es más virtuoso y amable en boca. Aunque tienen la misma acidez, el ahumado de la madera lo doma». Luego, llevan una crianza de entre nueve y diez meses y mínimo un año en botella.

Una labor de la que Isabel siente el orgullo de realizar. «Es una responsabilidad. Se trata de un proyecto de la familia y es muy grato porque me gusta lo que hago», confiesa. Y eso, no tiene precio.

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